Con su debut en 1991, Slacker, Linklater ya sentaba lo que serían las bases de su mejor cine. Slacker era una frikada, en todos los sentidos. Los personajes eran unos 'nerds' que hablaban y hablaban sin parar, reflexionando sobre infinidad de cuestiones, dándose el testigo unos a otros sin un eje central que guiara la película, salvo la excentridad y pasión que Linklater mostraba por dejar hablar y moverse a los seres que había creado para ese Austin que se nos retrata. Una apasionante rareza, que sería el punto de partida de una filmografía realmente intensa.
Movida del 76 (1993) es su primera gran película sobre la juventud. Como luego repitiera en algunas otras cintas, Linklater deja a sus jóvenes inocentes hablar sobre el futuro, nos muestra sus virtudes y carencias y lanza una mirada crítica, pero con ternura a la vez. Es una época difícil, Linklater lo sabe, y sin llegar a ser condescendiente nos muestra esa faceta que tienen los adolescentes de joderlo todo de golpe, del mismo modo que pueden llegar a hacer todo lo que quieran. La rebeldía, la depresión, la alegría de vivir... Todo mezclado de modo realista y veraz, como muestra de una generación, la del propio Linklater, que andaba más perdida de lo que realmente era consciente de serlo. Y con eso no quiere decir que eso sea algo malo. Al contrario. La misma temática la encontraríamos luego en Suburbia (1997), una obra más madura, con texto de Eric Bogosian, donde de nuevo vemos a unos jóvenes que no son capaces de encontrar su lugar en el mundo. Con la excusa de la vuelta al pueblo de un amigo que ha logrado triunfar en el mundo de la música, comienza una reflexión sobre los sueños frustados, los rencores, la envidia, la inocencia y la impotencia de unos jóvenes que ni saben lo que quieren ni, aunque lo supieran, sabrían cómo lograrlo.
Otro gran tema de la obra de Linklater es el amor. El amor de juventud, el romance de verano, esa cosa extraña que todos hemos notado alguna vez. Si hay una película que sepa hablar del amor juvenil, del flechazo a primera vista y del romanticismo que conlleva, esa es sin duda Antes del amanecer (1995). Impregnada con ese toque filosófico que tienen casi todas sus películas (los personajes hablan de todo, y de todo parecen tener un conocimiento estupendo), siendo alter egos del propio Linklater (un tipo culto, que se maneja bien con todos los temas, y que siempre tiene cosas interesantes que decir), la historia de amor de esos dos jóvenes que se encuentran en un tren y pasan una noche paseando por las calles de Viena es, cuanto menos, apasionante. El equilibrio entre romanticismo, humor y seriedad es tan perfecto, que por muy extraño que resulte ver a una pareja de novios debatiendo sobre el cambio climático, la pobreza o la política como si se trataran de expertos en esos temas de 60 años, te los crees y llegas a querer ser ese Ethan Hawke y encontrar a tu Julie Delpy particular. Emoción a flor de piel en una cinta preciosa e inolvidable.
Y luego el contrapunto, Antes del atardecer (2004). Mismos personajes, misma vitalidad, pero en una película que, como los personajes, denotan una maduración. Su continuación en el tiempo es genial, su evolución retratada de manera soberbia. Un emociante reencuentro y un director que sigue lanzado y vuelve a demostrar una facilidad sublime a la hora de escribir diálogos inteligentes y apasionantes, más en este caso que la película no es ni más ni menos que una conversación de hora y media filmada.
Y en 2001, vería la luz la que es sin duda su mejor película y, para mí, una auténtica obra maestra. Waking Life, rodada con la técnica de rotoscopia (imagen real filmada y luego pasada por ordenador para que parezcan dibujos animados), es lo más parecido a leer un ensayo sobre la vida, el universo, el ser humano, o lo que sea, que se pueda ver sobre una pantalla de cine. Todos los temas importantes de la humanidad tienen un tratamiento en la película, y dicho tratamiento dista mucho de ser superficial. Es una película honda, espesa, excéntrica, pero sin duda magnífica, apasionada y tremendamente viva. El personaje se desliza a través de un sueño lúcido a un mundo donde el conocimiento, la reflexión, la filosofía y la ciencia son elementos clave. Es una búsqueda de si mismo a través de diferentes experiencias que acaban por demostrar que la realidad y el sueño no tienen por qué ser cosas diferentes. Un tratado sobre el significado de la vida, las relaciones humanas o el existencialismo. Una brillante cinta que estimula la mente y el alma, algo no muy habitual en el cine de hoy. Y por eso resulta aún más gratificante.
Con la misma técnica de la rotoscopia rodaría Una mirada en la oscuridad (2006), adaptación de la novela del mismo nombre de Philip K. Dick (un autor de gran peso en la obra del director, presente en muchas de sus películas). Se trata de otra obra de profundo calado filosófico, bastante fiel al original, y que ahonda en los tormentos del hombre, en su locura, todo ello provocado por el consumo de la droga Sustancia D. Enmascarada tras un thriller policíaco, la historia vuelve a tratar los desajustes del ser humano, las quejas contra el sistema, todo siguiendo el espíritu subersivo y transgresor de Dick y llevado con mano de hierro por Linklater a la pantalla. Otra película estimulante. Como estimulante resulta también Tape (2001). Basada en la obra de Stephen Belber, Tape resulta otro ejercicio fílmico de disección de personajes, ahondando en sus penas, sus recuerdos y sus miserias, esta vez sobre la base de una supuesta violación ocurrida en los años de instituto, y que ahora uno de los dos amigos parece dispuesto a sacar a la luz. Considerada obra menor, es en cambio una muestra más del talento de este señor, que es capaz de, sin movernos de una habitación de hotel, hablarnos de la maldad del ser humano, de la envidia, de la mezquindad y de la estupidez, narrando con pulso firme el reencuentro de dos supuestos amigos, que acabaran más distanciados aún de lo que empezaron, aunque eso pudeda parecer imposible.
No tengo más palabras para elogiar a Linklater. Quizás sean escasas, pues es descomunal su talento, y yo un don nadie que pretende descubriros, si es que no le conocíais, o haceros reflexionar, si ya la habéis visto, sobre la obra de un cineasta tremendo, que pese a batacazos como Escuela de rock (2003), The Newton boys (1998) o Fast food nation (2006), posee una originalidad y un estilo propios que la hacen imprescindible e inconfundible. Un director inquieto, al que le gusta reflexionar sobre lo que ve, sobre lo que vive, y no se queda en la superficie y busca los por qués. Lejos de él llegar a la pedantería, todo lo contrario. Todo lo que se dice y ocurre en sus películas, en mayor o menos medida, resulta interesante. Y eso tiene un mérito tremendo. Ardo en deseos de que se estrene su próxima película, Orson Welles y yo (2008). Seguro que no defrauda.
Cojo el fusil y...
Slacker - 6 sobre 10
Movida del 76 - 6 sobre 10
Antes del amanecer - 7 sobre 10
Suburbia - 6 sobre 10
The Newton boys - 4 sobre 10
Tape - 7 sobre 10
Waking life - 8 sobre 10
Escuela de rock - 2 sobre 10
Antes del atardecer - 7 sobre 10
Fast food nation - 3 sobre 10
Una mirada en la oscuridad - 7 sobre 10
Slacker - 6 sobre 10
Movida del 76 - 6 sobre 10
Antes del amanecer - 7 sobre 10
Suburbia - 6 sobre 10
The Newton boys - 4 sobre 10
Tape - 7 sobre 10
Waking life - 8 sobre 10
Escuela de rock - 2 sobre 10
Antes del atardecer - 7 sobre 10
Fast food nation - 3 sobre 10
Una mirada en la oscuridad - 7 sobre 10