23 de febrero de 2009

And the winner is... Slumdog Millionaire!

Se cumplieron practicamente todos los pronósticos. Apenas hubo sorpresas. La 81ª edición de los oscars se saldó con la contudente victoria de Slumdog Millionaire (Danny Boyle), que arrasó con casi todo y se llevó nada menos que ocho estatuillas.

Ni que decir tiene que no me parece justo. Si bien el nivel exhibido por las cinco películas nominadas estaba bastante parejo, ninguna de ellas me parecía que realmente tuviera la calidad suficiente como para llevarse el oscar a mejor película. Si que es cierto que Slumdog Millionaire destacaba un poco sobre las demás, pero creo que la academia ha sido demasiado benévola otorgándole algún galardón que no merece. Por ejemplo, el galardón de mejor fotografía debería haber sido para El curioso caso de Benjamin Button, y los premios a mejor banda sonora y mejor sonido también son discutibles. Tampoco me parece que Danny Boyle mereciera el oscar a mejor director por esta película, pero si hasta Ron Howard ha ganado alguna vez la estatuilla pues... todo es posible.

Por lo demás, casi todo siguió el guión preestablecido. Wall·E ganó el premio a mejor película de animación (insisto en que debería haber estado nom
inada a mejor película, en general), Kate Winslet ganó por fin el oscar a mejor actriz, Heath Ledger logró el segundo oscar póstumo de la historia (tras el que lograra Peter Finch en 1977) y Penélope Cruz, nuestra Pé, se llevó el ansiado premio como mejor actriz secundaria, convirtiéndose así en la primera actriz española que lo logra. España está de moda señores. Hollywood nos quiere y se nota. Segundo año consecutivo que un actor español gana el oscar tras el de Javier Bardem, aunque en este caso me parece que quizás no nos lo mereciéramos tanto. En cuanto a las sorpresas, destacar principalmente tres: la derrota de Mickey Rourke a manos de Sean Penn (auténtico sorpresón bajo mi punto de vista), la victoria de Dustin Lance Black en la categoría de mejor guión original por Mi nombre es Harvey Milk y el inesperado oscar que se llevó Departures, una grata sorpresa, que dejó en la estacada a las dos principales favoritas a mejor película de habla no inglesa, Vals con Bashir y Entre les murs.

Dejamos atrás por fin el curso cinéfilo 2008. Un año malo, donde las principales premiadas han demostrado tener un preocupante nivel medio excesivamente bajo. Esperemos que el 2009 nos regale películas de mejor nivel. Seguiré informando a aquellos desventurados que me lean. Pasenlo bien y vean mucho cine (a ser posible del bueno).



19 de febrero de 2009

Consideraciones sobre los Oscars (2ª Parte)

Hoy voy a hablaros de algunas otras películas nominadas este año. Quisiera comenzar con The Wrestler (Darren Aronofsky). Es una película que cautiva, y la razón para que esto ocurra tiene un nombre: Mickey Rourke. Su interpretación es tan buena, que faltan calificativos para describirla. Rourke no interpreta al personaje. Es el personaje. Bien sabidas son ya las similitudes que se han lanzado entre él y su personaje, sobre cuanto hay de la caída a los infiernos del actor en la película, cuan parecidos son él mismo y Randy "The ram", la ex-estrella de lucha libre que malvive entre su empleo en un supermercado y peleas esporádicas en el circuito independiente. El que fuera estrella en los 80 y se apagara en los 90 (al igual que Randy, "odio los malditos 90") elabora una especie de penitencia, de catarsis por todos sus excesos, y nos regala una actuación que muy merecidamente recibirá el premio del oscar al mejor actor (cualquier otro ganador sería un aunténtico sorpresón). Pero la película tiene otras virtudes. Por un lado, la austeridad con la que Aronofsky nos muestra la vida de este luchador. Utilizando mucho el recurso de llevar la cámara por detrás del protagonista, siguiendo sus pasos sin ver su rostro, Aronofsky pretende hablarnos, no de un luchador en concreto, en este caso "The Ram", sino de todos los luchadores. Randy es el ejemplo, pero aquí de lo que se trata es de hacer un homenaje. Un homenaje a todos aquellos que dieron los mejores años de su vida para entretenernos a nosotros como público, y que en muchos casos han caído en el olvido, un olvido injusto, junto a sus bastones, sus sillas de ruedas y su decadencia física y emocional. Y es cuando la cámara de Aronofsky se mete en los vestuarios, en el ring, en las entrañas de este espectáculo, cuando la cinta alcanza sus mejores cotas. El ambiente decadente del circuito independiente, el compañerismo y la amistad que surge entre estos desheredados, se reflejan con gran verismo y sensibilidad, con gran amor por parte de quien nos cuenta la historia. Sin embargo, la película se viene un poco abajo cuando nos alejamos de ese mundo. La relación de Randy con su hija suena a tópico mal incrustado en el conjunto, y su relación con la stripper que interpreta también de maravilla la gran Marisa Tomei tampoco termina de cuajar en el conjunto, aunque su personaje, pese a no aparecer demasiado tiempo, está bien perfilado, podemos llegar a sentir y comprender su sufrimiento. Película sin duda recomendable, que se aleja un poco del estilo habitual de Aronofsky en la dirección, pero que vuelve a tratar el mismo tema de sus anteriores películas: el dolor interno de sus personajes y la enorme carga que supone saber que no hay final bueno posible. Y a fe que este tipo es bueno rodando eso.

Ahora voy a hablaros de la que me parece una de las mayores decepciones del año. Se trata de Revolutionary Road (Sam Mendes), la última película del que fuera director de la magnífica American beauty (1999). Nominada en tres categorías (Actor de reparto, dirección artística y vestuario) la cinta narra las desventuras de un matrimonio de clase media en la década de los 50. Un matrimonio que oculta más de lo que parece a simple vista, con rencores, sueños frustrados y sentimientos de culpa. Pues bien, todo esto el señor Mendes lo ha mezclado de tal forma, que el resultado sólo puede ser calificado de coñazo. Ni tiene ritmo, no tiene fuerza, no hay capacidad de análisis. Los diálogos se van sucediendo uno tras otro, sus personajes no paran de hablar, pero lo único que consiguen es ir aumentando mi sensación de que estoy perdiendo el tiempo. Desconozco la obra matriz en la que se basa la película, la novela de Richard Yates, pero apostaría a que es infinitamente mejor que su adaptación a la pantalla. No veo nada en la película que me guste, que me motive, que me haga pensar. El drama de sus personajes me resulta ajeno, monótono, y si, capto que es fiel y veraz a la hora de describir las monotonas vidas de un matrimonio que ya no se quiere y necesita dar un salto hacia delante. Pero como diría el gran Sir Alfred Hitchcock, para ver un trozo de vida ya está la propia vida. En el cine tiene que haber algo más. Y en este caso, me temo que el señor Mendes y todo su equipo no logran aportarlo.

Toca ahora la gran olvidada, al menos en las categorías principales, de este año. Se trata de El caballero oscuro (Christopher Nolan), la última de Batman, que pese a acaparar innumerables nominaciones (ocho en total) en apartados técnicos, no está nominada ni a mejor película ni a mejor director, cosa que creo injusta. Es de las mejores películas del año. Pese a su comercialidad (es obvia, pero no por ello debe ser algo malo), Nolan se desenvuelve a las mil maravillas con el material que maneja, y lo eleva a algo más que cine palomitero. Esta nueva visión del hombre muerciélago, como ya ocurriera con Batman Begins (2005) es una profunda revisión a las miserias del ser humano, analizadas a través de sus personajes, todo ello envuelto en el fantástico aura de misterio y terror que han logrado caracterizando a la nueva Gotham. No deja de una historia de buenos contra malos, pero tanto los buenos como los malos están llenos de matices que son los que hacen rica a la historia. Y todo ello acompañado de espectaculares secuencias de acción que no está superpuestas sino que hacen avanzar la trama. Por desgracia, la película tiene el lastre de su duración, a todas luces excesivo, y de pecar de grandilocuente en algunas de sus escenas, pero en general el conjunto es bueno, y ya quisieran el 80% del cine comercial estadounidense acercarse siquiera un poquito al nivel de esta película. Y entre toda la oscuridad y misterio que rodean esta nueva aventura del señor Wayne, emerge Heath Ledger, cuya figura, aún más agrandada desde su muerte, convierte al Joker en uno de los personajes más terroríficos que jamás se hayan visto en un cine, por la complejidad de su mente, pero sobre todo por la sencillez de sus actos y su discurso. Y pese a que creo que está un poco sobreactuado, creo que es merecedor de ese oscar póstumo que a todas luces recibirá el próximo domingo.

La última que os voy a comentar hoy es Vals con Bashir (Ari Folman), candidata a mejor película de habla no inglesa, y principal favorita. Me gustó este primer documental animado de la historia. Sorprende por la calidad de la animación, por lo complejo de la historia y por su estructura narrativa que sabe sacar todo el partido del uso de dibujos para narrar los horrores de la guerra. Hay mucho de metáfora en la película, pero también mucho dolor, el dolor que causa saberse responsable de algo pero no querer, o no poder, ad
mitirlo. El viaje que nos brinda Folman hasta el año 1982, y la matanza de refugiados palestinos que se produjo, es a la vez escalofriante y estimulante, pues sabe recrear un hecho pasado con la fuerza y claridad de si hubiera ocurrido ayer. Es un film valiente, pues explora la propia culpa de su creador, el cual se enfrenta a ella sin pudor ni reticencias. Este tipo de atrocidades no pueden volver a repetirse. Contra nadie. No hay excusas, solo importa la verdad. Ese es su principal mensaje. Y es un mensaje de lo más acertado. Habrá que estar atentos a los próximos trabajos de su director. Apunta muy buenas maneras.

Cojo el fusil y...
The wrestler - 6 sobre 10
Revolutionary road - 3 sobre 10
El caballero oscuro - 6 sobre 10
Vals con Bashir - 6 sobre 10

18 de febrero de 2009

Consideraciones sobre los Oscars (1ª Parte)

Va quedando menos para la ceremonia de entrega de los oscars y me gustaría hablar sobre las películas nominadas en la categoría de mejor película. He de decir que he visto por el momento sólo cuatro de las cinco que optan al premio (me queda por ver aún Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant), pero voy a comentaros las otras cuatro; ya habrá tiempo de ver que nos ofrece el bueno de Gus (esperemos que no sea otro bodrio infumable al estilo de Gerry o Last days).

De la primera que os quiero hablar es de El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher). Me defraudó. Pese a la indudable maestría técnica con que Fincher nos deleita a la hora de contarnos la historia de este peculiar personaje, es una película que desarrolla mal su historia, no profundiza en ella. Es una cinta demasiado lineal, y teniendo en cuenta el tema que trata (un bebé que nace viejo y que acaba siendo viejo en el cuerpo de un bebé, pues su genética le hace ir al revés de los demás) se echa en falta una reflexión sobre la vida y la muerte, o incluso el amor, cosas tan trascendentales como fugaces y transitorias, tan eternas como imperfectas. Sin embargo, el guión de Eric Roth se mueve por terrenos más convencionales, y al final todo acaba centrándose en una historia de amor que, pese a ser emotiva, no lanza a la película a las cotas que debiera, y la aleja de cualquier posibilidad de considerarla un clásico. Las dos líneas que representan los personajes de Cate Blanchett y Brad Pitt, yendo en direcciones opuestas pero que durante un tiempo se entrecruzan, no son retratadas ni con el dramatismo ni con la emotividad que necesitan, y es que estamos ante un relato de lo más trágico, tratado de la manera idónea sólo en el envoltorio. Parece como si al equipo de la película le hubiese preocupado tanto el cómo solucionar los problemas técnicos para hacer de Brad Pitt un anciano de seis años que se hubieran olvidado del trasfondo emocional de la historia. En definitiva, un film magistral en el plano visual, con una cuidada ambientación y una magnífica banda sonora, pero que se desinfla por ser plana y lineal a la hora del desarrollo de personajes y acontecimientos.

Hablemos ahora de Slumdog Millionaire (Danny Boyle). La gran triunfadora de los Globos de Oro, con 4 galardones, incluyendo mejor película y mejor director, a pesar de ser la gran favorita este año (y muy probablemente, al menos así lo veo yo, la que va a ganar) no es una película que merezca el premio a mejor film. Es una cinta desequilibrada, de estilo videoclipero excesivamente comercial, con una dirección que abusa de recursos como planos inclinados que en la mayoría de los casos no aportan nada y que, pese a que arranca bastante bien, acaba derivando en una vulgar historia de amor con happy end cuya repercusión se agota a los minutos de salir del cine. Pretende ser cine social, pero aquí la crítica social es la excusa para meternos con calzador la historia de superación de Jamal Malik, un joven que está a punto de ganar el ¿Quién quiere ser millonario? de la India sin tener estudios y viniendo de la calle, que a su vez es la excusa para la romanticona y facilona historia de amor que surge entre el protagonista y la chica de turno, sufridora también de los dramas de la pobreza. Pero Slumdog también tiene sus virtudes. Su montaje febril pero acertado nos lleva a través de flash backs por la vida de Jamal, y es en su potencia narrativa y su agil montaje, acompañado de una banda sonora realmente buena y acertada, donde reside su mayor virtud. Una lástima que en su pretenciosidad Danny Boyle no haya sabido medir bien el equilibrio entre comercialidad y calidad, y su intento de hacer crítica social se quede en un mero esbozo. Pese a ello, la película me gustó, cosa que no puedo decir de muchas de las que he visto ultimamente. Y es sin duda la menos académica de las nominadas cinco nominadas.

Os hablo ahora de la que menos me ha gustado de las cuatro que visto en esta categoría por el momento. Se trata de El desafío: Frost contra Nixon (Ron Howard). Podría haber sido una gran película, de hecho tenía todos los mimbres necesarios para ello. Pero la ineptitud de Howard, un director demasiado complaciente consigo mismo y que parece incapaz de dotar de profundidad a sus proyectos, hace que esta especie de falso documental basado en la obra teatral de Peter Morgan (quien fuera guionista de The Queen (Stephen Frears, 2006)), se convierta en un film vulgar, sin alma, que se ve tremendamente distante; y lo es por la opción que Howard elige a la hora de contarnos la historia. Mezclar ficción pura y dura con elementos propios del documental (los actores hablando a cámara en boca de los personajes que interpretan es un recurso que no me ha gustado) resta carga dramática al conjunto. Además, la película no tiene ni el nervio ni la fuerza visual necesaria para que podamos como espectador meternos de lleno en ella. El personaje de Nixon, al cual borda un genial Frank Langella (ojo no salte la sopresa) está bien retratado, pero hay una cierta ambigüedad en el tratamiento que se le hace que provoca al final un extraño desequilibrio. En resumen, una película vulgar, que no mala, que no merece estar ni siquiera nominada, y menos aún su director, el señor Ron Howard, que no entiendo como puede gozar de este trato de favor por parte de la academia.

Por último os voy a hablar de El lector (Stephen Daldry). Quizás, la que más me ha gustado de las cuatro. Es una película tremendamente tierna y conmovedora. Al igual que en sus anteriores trabajos, Daldry saber dotar de sentimiento y emoción sus imágenes. Sabe transmitir lo que sienten los personajes al espectador. Sin embargo, El lector es una película irregular. Alcanza momentos de gran belleza y fuerte carga emocional, con otros de una extraña y desagradable frialdad. Se siente distante en demasiados puntos de su recorrido, y eso acaba lastrando el resultado final. Esto ocurre en especial cuando es David Kross, el joven que encarna al personaje de Michael Berg en su pubertad, el que que tiene que coger las riendas de la cinta. Y es que la presencia de Kate Winslet es tan imponente, y su interpretación tan veraz y contudente, que cuando desaparece de pantalla parece que la película ha perdido a su ángel, a su motor, a su guía. Si no le dan el Oscar a la mejor actriz este año no se lo darán nunca, y me parecería una profunda injusticia (y que me perdona la Jolie). Lo merece, no ya por esta interpretación, sino por ser la mejor actriz de su generación y la eterna olvidada a un premio que merece hace tiempo. Volviendo a El lector, señalar que los mejores momentos se producen en el tramo final, cuando todas las incógnitas, emociones y sentimientos salen a la superficie, e inundan la pantalla con algunos instantes de sublime factura. Por eso me resulta aún más frustrante que en su primera mitad tenga tantos altibajos, y en el global se quede también a las puertas de ser una gran película. Pese a todo, si fuera académico mi voto iría para ella.

Total, que como pueden apreciar, bajo mi punto de vista el nivel de este año en los oscars, sin ser del todo malo, deja bastante que desear. Gane quien gane, no será una película extraordinaria, pero viendo el pobre nivel que ha dado el cine en 2008 si que podemos decir que estamos ante lo mejor, al menos en lo que a cine estadounidense se refiere. De todos modos, queda el consuelo de que la que es sin duda la mejor película del año se llevará con toda seguridad alguna estatuilla. Y es que la mejor de 2008 ha sido WALL·E (Andrew Stanton), obra maestra del cine de animación, y que si no tuviera su propia categoría aparte estoy seguro de que ganaría igualmente el oscar a mejor película.

Proximamente, más entregas sobre los Oscars. Que descansen.

Cojo el fusil y...
El curioso caso de Benjamin Button - 6 sobre 10
Slumdog Millionaire - 6 sobre 10
El desafío: Frost contra Nixon - 4 sobre 10
El lector (The reader) - 6 sobre 10

15 de febrero de 2009

Las colinas tienen ojos: ¿Terror o comedia?

Siguiendo con el "ciclo" de cine de terror en el que me he sumergido recientemente, tras Silent Hill le ha llegado el turno a Las colinas tienen ojos (Alexandra Aja, 2006). Remake del clásico de John Carpenter de mismo título, el que fuera director de la sobrevalorada Alta tensión (2003) se pasa de su francia natal al lujoso Hollywood, y como no se podría esperar menos, eleva todos los rasgos de su anterior filme al cubo para ofrecernos una bacanal gore sin argumento, pero eso si, con muchos, muchísimos litros de sangre.

La premisa, en los tiempos que corren, ya es en si misma estúpida, y está más que trillada. Que la perdida familia bien sea atacada por unos deformados por la radiación, unos zombies o unos locos ya da lo mismo (¿Alguien recuerda, por citar un par de ejemplos recientes, Wolf Creek (Greg Mclean, 2005) o La casa de los 1000 cadáveres (Rob Zombie, 2003)?). Pero el verdadero problema aquí reside en el hecho de que Aja no aporta nada nuevo, ni siquiera realiza un ejercicio de estilo que pueda identificarle. La película es monótona, previsible y pretenciosa. Donde el director pretende cargar de fuerza visual a la imagen lo único que logra es aburrir y repugnar al respetable. Sus personajes, incomprensiblemente faltos de carisma, o de cualquier tipo de rasgo o cualidad que pueda hacerlos enganchar emocionalmente con el espectador, se pasean por la película de manera errática, patética en algunos momentos, y su contrapunto (esos seres deformes deseosos de ¿Venganza?) son aún más deplorables y nefastos si cabe. La película se termina poco después de empezar, pues su guión y su realización son tan planos que es fácil adivinar todo cuanto va a acontecer a los cinco minutos de metraje.

Por si esto fuera poco, cuando la película se convierte en otra vulgar cinta de acción donde las peleas se imponen para olvidarnos ya por completo de la remota historia que se supuestamente se nos quiere contar, el director muestra su faceta más sádica al recrearse en la violencia barata y los litros de sangre inundan la pantalla en un intento fallido y asqueroso de crear tensión y lograr el climax. Tampoco ayuda mucho que su personaje masculino se convierta en una especie de John Wayne, duro como pocos (tan sólo superado por los malos, que parecen hechos de hierro, cosa extraña pues tengo entendido que las personas afectadas por la radiación se vuelven sensiblemente débiles), que va en busca de su destino acompañado de un bate de béisbol rozando en más de un momento la autoparodia. Y es que lo que más he hecho mientras veía la película ha sido reir. He llegado a pensar que Alexandre Aja en realidad lo que estaba intentado rodar no era un remake de terror, sino una comedia, una especie de parodia del género. Sólo así mi mente sería capaz de explicar las pésimas interpretaciones, la dirección pretenciosa y grandilocuente, o muchas de las innumerables situaciones cómicas que se dan durante el film (el climax final, con un Aaron Stanford empapado en sangre y dando culatazos con la escopeta es digno de recordarse). Hasta la supuesta crítica a los lanzamientos de bombas atómicas en el desierto de Nevada (y todo el drama social que supuso) por parte del gobierno americano queda profundamente diluida, no es más que otra excusa para intentar justificar ese baño de sangre, y el discursito que se marca uno de los afectados para justificar toda la trama es, cuanto menos, vergonzoso.

En fin, que me alegré bastante cuando se acabó la película y aparecieron los créditos finales sobre un fondo, en vez del habitual negro, y como no podía ser de otra forma, rojo, rojo sangre.

Cojo el fusil y...
Las colinas tienen ojos - 1 sobre 10

14 de febrero de 2009

Silent hill y otras consideraciones varias

La última película que he visto ha sido Silent Hill (Christophe Gans, 2006). He de decir que no me defraudó, al menos totalmente. Las recientes versiones cinematrográficas de videojuegos estaban teniendo un nivel más bien patético, en algunos casos llegando a lo infame. Por ello, ésta versión del videojuego de Konami me sorprendió, principalmente por dos cosas: una, el magnífico diseño de producción, que logra trasladar una gran parte de la estética del juego a la pantalla, y dos, la solvencia narrativa con la que Gans consigue plasmar un guión demasiado enrevesado que puede acabar confundiendo al personal. Si bien la historia es buena, peca de querer contar demasiadas cosas en poco tiempo. Escrita por Roger Avary, director de la interesante Las reglas del juego (2002), peca en muchos momentos de parecerse demasiado al videojuego a la hora de ir desarrollando la historia. La forma en que la protagonista, Radha Mitchell, se va moviendo por la ciudad de Silent Hill en busca de su hija desaparecida, y como se van desvelando los misterios de la trama, es más propia de la consola que de una película, no hay opción para la sorpresa o algún intento de jugar con algún doble sentido, lo que convierte a la película en previsible.

Otro punto en contra, y probablemente el error más garrafal de la película, es que no da miedo. Si la saga de juegos de Silent Hill se caracterizaba por algo era porque realmente conseguía asustar al jugador. Su atmósfera opresiva y acechante, sus escenarios sombríos y demacrados, su música irritante y agresiva, son llevados a la gran pantalla sólo en una pequeña parte, muy lograda en el plano visual (los decorados, reales o a ordenador, son bastante buenos) pero que no consigue hacernos sufrir como en muchos momentos lo lograba cuando jugábamos con nuestra consola. Es por esto que la película al final se convierte en algo descafeinado, sin nada más que aportar que un vacío entretenimiento de dos horas que no llega a alcanzar cotas realmente meritorias.

No se por qué, pero mientras veía Silent Hill me venía a la mente otra película que vi hace poco, y que tiene poco o nada que ver con ella. Se trata de El estudiante de Praga (Stellan Rye, Paul Wegener, 1913). Me venía a la mente porque es otra película de terror que tampoco da miedo. Evidentemente hay que tener en cuenta la época en que se realizó, pero mi mente no podía dejar de pensar en como ha ido evolucionando el género desde sus inicios hasta nuestros días. El que luego fuera estrella del cine alemán y precursor del expresionismo (dirigiría posteriormente, por ejemplo, El Golem), trasladaba a la gran pantalla la historia de Edgar Allan Poe con un desconcertante poco perfeccionamiento técnico, que dota a la película de una dualidad extraña: por un lado es una película tremendamente inocente, pero por otro logra causar un desasosiego desconcertante. Resulta difícil para mí valorar cual sería el impacto que tuvo la cinta en el público de la época. Resulta obvio que la temática era novedosa, pero al estar contada de un modo tan simple, sin un climax claro que pueda impactar de manera más clara al espectador, en especial al final de la película, hace que su valor histórico quede diluido por el tremendo efecto que el paso de los años ha hecho sobre ella.

Sin ir más lejos, podemos comprobar como dentro del mismo género, y también en edades tempranas del cine, otras obras han logrado mayor calado dramático e infundido más pavor al espectador: el ejemplo más claro quizá sea Nosferatu (F.W. Murnau, 1922). Obra maestra del cine, es una película que sigue dando miedo, o al menos generando sensación de inseguridad en aquel que la contempla, sintiendo la presencia del vampiro detrás de su asiento. En definitiva, y llegando a la conclusión que quería extraer de esto, una película de terror que se precie tiene que procurar, aparte de que la historia no sea un mero complemento al susto barato o el intento de generar un ambiente opresivo, provocar sensaciones en el receptor, sensaciones que deben ir unidas a los sentimientos de miedo, inquietud o incluso recelo, porque en definitiva, esto es lo que hará que una película de miedo sea o no recordada con el paso del tiempo. Me temo que Silent Hill no ha pasado la prueba, a pesar de sus buenas intenciones.

Cojo el fusil y...
Silent Hill - 4 sobre 10
El estudiante de Praga - 5 sobre 10

13 de febrero de 2009

Presentación

Mi relación con el cine no es fácil. Es un continuo amor-odio. Amor porque no puedo dejar de ver películas, siempre que las obligaciones me lo permiten, y odio porque, o al menos eso dicen mis allegados, soy demasiado crítico, es decir, no me gustan muchas de las películas que veo. Sin embargo, el placer que supone ver una buena película siempre es superior al de ver 10 o 12 malas, asi que creo que se compensa.

Por ello, en vistas de la inminente gala de los Oscars que se acerca, y por dar riendo suelta a mi afición a escribir, he decidido lanzarme a editar este blog sobre cine, en el cual expondré mis opiniones y mis críticas de las películas que vaya viendo, haré comentarios sobre el cine en general, intentaré ir mostrando mis gustos, y demás cosas que se me vayan ocurriendo. He decidido coger mi fusil y disparar a todo aquello que se me mueva y se lo merezca. Seguro que no soy el más indicado para hacerlo, pues yo de cine en realidad no se mucho, ni siquiera he visto todo lo que debiera (la cantidad de películas que se encuentran en mi lista de pendientes de ver es interminable) para considerarme una persona con autoridad, pero como hoy en día parece que todo el mundo tiene derecho a hablar de lo que quiera, aunque no tenga ni pajolera idea de lo que esta diciendo, pues no voy a ser menos y me apunto a hablar de mi más absoluta pasión: el arte de contar historias a 24 fotogramas por segundo.

Espero que le interese a alguien, y si no, por lo menos espero que me sirva a mi mismo para algo.

Atentamente, Johnny.