16 de abril de 2009

La grandeza de un tipo como Linklater

Cualquiera que me conozca sabrá que aprecio mucho a Richard Linklater. Me parece un director cojonudo, que usó su insultante juventud y su innegable talento para despuntar a principios de los noventa como un realizador a seguir, un tipo con cosas muy interesantes que contar. Dado el parón que he tenido con el blog debido a exámenes y otro tipo de vicisitudes, me he propuesto volver comentando por qué amo su cine, por qué lo considero tan interesante.

Con su debut en 1991, Slacker, Linklater ya sentaba lo que serían las bases de su mejor cine. Slacker era una frikada, en todos los sentidos. Los personajes eran unos 'nerds' que hablaban y hablaban sin parar, reflexionando sobre infinidad de cuestiones, dándose el testigo unos a otros sin un eje central que guiara la película, salvo la excentridad y pasión que Linklater mostraba por dejar hablar y moverse a los seres que había creado para ese Austin que se nos retrata. Una apasionante rareza, que sería el punto de partida de una filmografía realmente intensa.

Movida del 76 (1993) es su primera gran película sobre la juventud. Como luego repitiera en algunas otras cintas, Linklater deja a sus jóvenes inocentes hablar sobre el futuro, nos muestra sus virtudes y carencias y lanza una mirada crítica, pero con ternura a la vez. Es una época difícil, Linklater lo sabe, y sin llegar a ser condescendiente nos muestra esa faceta que tienen los adolescentes de joderlo todo de golpe, del mismo modo que pueden llegar a hacer todo lo que quieran. La rebeldía, la depresión, la alegría de vivir... Todo mezclado de modo realista y veraz, como muestra de una generación, la del propio Linklater, que andaba más perdida de lo que realmente era consciente de serlo. Y con eso no quiere decir que eso sea algo malo. Al contrario. La misma temática la encontraríamos luego en Suburbia (1997), una obra más madura, con texto de Eric Bogosian, donde de nuevo vemos a unos jóvenes que no son capaces de encontrar su lugar en el mundo. Con la excusa de la vuelta al pueblo de un amigo que ha logrado triunfar en el mundo de la música, comienza una reflexión sobre los sueños frustados, los rencores, la envidia, la inocencia y la impotencia de unos jóvenes que ni saben lo que quieren ni, aunque lo supieran, sabrían cómo lograrlo.

Otro gran tema de la obra de Linklater es el amor. El amor de juventud, el romance de verano, esa cosa extraña que todos hemos notado alguna vez. Si hay una película que sepa hablar del amor juvenil, del flechazo a primera vista y del romanticismo que conlleva, esa es sin duda Antes del amanecer (1995). Impregnada con ese toque filosófico que tienen casi todas sus películas (los personajes hablan de todo, y de todo parecen tener un conocimiento estupendo), siendo alter egos del propio Linklater (un tipo culto, que se maneja bien con todos los temas, y que siempre tiene cosas interesantes que decir), la historia de amor de esos dos jóvenes que se encuentran en un tren y pasan una noche paseando por las calles de Viena es, cuanto menos, apasionante. El equilibrio entre romanticismo, humor y seriedad es tan perfecto, que por muy extraño que resulte ver a una pareja de novios debatiendo sobre el cambio climático, la pobreza o la política como si se trataran de expertos en esos temas de 60 años, te los crees y llegas a querer ser ese Ethan Hawke y encontrar a tu Julie Delpy particular. Emoción a flor de piel en una cinta preciosa e inolvidable.
Y luego el contrapunto, Antes del atardecer (2004). Mismos personajes, misma vitalidad, pero en una película que, como los personajes, denotan una maduración. Su continuación en el tiempo es genial, su evolución retratada de manera soberbia. Un emociante reencuentro y un director que sigue lanzado y vuelve a demostrar una facilidad sublime a la hora de escribir diálogos inteligentes y apasionantes, más en este caso que la película no es ni más ni menos que una conversación de hora y media filmada.

Y en 2001, vería la luz la que es sin duda su mejor película y, para mí, una auténtica obra maestra. Waking Life, rodada con la técnica de rotoscopia (imagen real filmada y luego pasada por ordenador para que parezcan dibujos animados), es lo más parecido a leer un ensayo sobre la vida, el universo, el ser humano, o lo que sea, que se pueda ver sobre una pantalla de cine. Todos los temas importantes de la humanidad tienen un tratamiento en la película, y dicho tratamiento dista mucho de ser superficial. Es una película honda, espesa, excéntrica, pero sin duda magnífica, apasionada y tremendamente viva. El personaje se desliza a través de un sueño lúcido a un mundo donde el conocimiento, la reflexión, la filosofía y la ciencia son elementos clave. Es una búsqueda de si mismo a través de diferentes experiencias que acaban por demostrar que la realidad y el sueño no tienen por qué ser cosas diferentes. Un tratado sobre el significado de la vida, las relaciones humanas o el existencialismo. Una brillante cinta que estimula la mente y el alma, algo no muy habitual en el cine de hoy. Y por eso resulta aún más gratificante.
Con la misma técnica de la rotoscopia rodaría Una mirada en la oscuridad (2006), adaptación de la novela del mismo nombre de Philip K. Dick (un autor de gran peso en la obra del director, presente en muchas de sus películas). Se trata de otra obra de profundo calado filosófico, bastante fiel al original, y que ahonda en los tormentos del hombre, en su locura, todo ello provocado por el consumo de la droga Sustancia D. Enmascarada tras un thriller policíaco, la historia vuelve a tratar los desajustes del ser humano, las quejas contra el sistema, todo siguiendo el espíritu subersivo y transgresor de Dick y llevado con mano de hierro por Linklater a la pantalla. Otra película estimulante. Como estimulante resulta también Tape (2001). Basada en la obra de Stephen Belber, Tape resulta otro ejercicio fílmico de disección de personajes, ahondando en sus penas, sus recuerdos y sus miserias, esta vez sobre la base de una supuesta violación ocurrida en los años de instituto, y que ahora uno de los dos amigos parece dispuesto a sacar a la luz. Considerada obra menor, es en cambio una muestra más del talento de este señor, que es capaz de, sin movernos de una habitación de hotel, hablarnos de la maldad del ser humano, de la envidia, de la mezquindad y de la estupidez, narrando con pulso firme el reencuentro de dos supuestos amigos, que acabaran más distanciados aún de lo que empezaron, aunque eso pudeda parecer imposible.

No tengo más palabras para elogiar a Linklater. Quizás sean escasas, pues es descomunal su talento, y yo un don nadie que pretende descubriros, si es que no le conocíais, o haceros reflexionar, si ya la habéis visto, sobre la obra de un cineasta tremendo, que pese a batacazos como Escuela de rock (2003), The Newton boys (1998) o Fast food nation (2006), posee una originalidad y un estilo propios que la hacen imprescindible e inconfundible. Un director inquieto, al que le gusta reflexionar sobre lo que ve, sobre lo que vive, y no se queda en la superficie y busca los por qués. Lejos de él llegar a la pedantería, todo lo contrario. Todo lo que se dice y ocurre en sus películas, en mayor o menos medida, resulta interesante. Y eso tiene un mérito tremendo. Ardo en deseos de que se estrene su próxima película, Orson Welles y yo (2008). Seguro que no defrauda.

Cojo el fusil y...
Slacker - 6 sobre 10
Movida del 76 - 6 sobre 10
Antes del amanecer - 7 sobre 10
Suburbia - 6 sobre 10
The Newton boys - 4 sobre 10
Tape - 7 sobre 10
Waking life - 8 sobre 10
Escuela de rock - 2 sobre 10
Antes del atardecer - 7 sobre 10
Fast food nation - 3 sobre 10
Una mirada en la oscuridad - 7 sobre 10

8 de marzo de 2009

Grande entre los grandes

Resucitó el western, nos descubrió el amor gracias a un reportero del National Geographic, nos hizo amar al jazz y nos ha entretenido y emocionado durante más de 50 años, cuando haya por 1955 debutara en la película Revenge of the creature (Jack Arnold), secuela de la película de serie B La mujer y el monstruo (Jack Arnold, 1954). Discípulo directo de Don Siegel y Sergio Leone, Clint Eastwood, a sus 78 años, lleva más de 40 como estrella indiscutible del firmamento cinéfilo. Y como si fuera un chaval, sigue deleitándonos no ya con una película al año, sino con dos, como ocurre en el reciente 2008, donde ha dirigido El intercambio y la película de la que os quiero hablar, que es Gran Torino.

Para entender Gran Torino es inevitable situarla en el contexto de una carrera plena y diversa como la que ha tenido Eastwood tanto delante como detrás de las cámaras. Es una película muy personal, una obra madura de un superdotado para el cine, de un maestro. Desde que rodara su gran obra maestra, Sin perdón (1992), Eastwood ha ido oscilando entre películas de marcado carácter intimista y emocional (Los puentes de Madison, Medianoche en el jardín del bien y del mal, Million Dollar Baby), con otras más comerciales y efímeras (Ejecución inminente, Space Cowboys), pero siendo todas y cada una de ellas la película que él quería hacer en ese momento. Gran Torino se sitúa sin duda alguna dentro del grupo de las primeras. Eastwood relata a través de un personaje al más puro estilo de Harry Callahan o Tom Highway casi todos los grandes temas de los que se puede hablar en una película: Las relaciones familiares, el racismo, el honor, el deber, la guerra, los cargos de conciencia, la religión... De la vida, en definitiva, y las relaciones humanas es de lo que habla Gran Torino. Y lo hace manera magnífica. La relación que se establece entre Walt Kowalski, un veterano de la guerra de Corea, y Thao, su vecino oriental, y el resto de su familia, con la sencilla premisa del intento de robo del coche de Walt, un Gran Torino de 1972 por parte de Thao, es sencillamente conmovedora. Y lo es porque, a pesar de algunos tópicos bien resueltos que van apareciendo durante el film, la historia avanza de forma comedida, con ritmo lento y sosegado, in crescendo hasta un climax final que no por previsible deja de ser emocionante y repleto de talento. La cinta acaba explotando en la pantalla dejando brotar todas las emociones que se habían ido acumulando durante su desarrollo, pero que se habían quedado guardadas en nuestro cerebro hasta que Eastwood decide abrir la compuerta. Y cuando esto ocurre es cuando te das cuenta de lo increiblemente buena que es. Es cierto que no se la puede considerar como una "gran película" (en realidad es probable que tenga más defectos que virtudes), pero si que nos sirve para que podamos reflexionar y darnos cuenta de lo buen director que es, del mimo que pone a la hora de realizar cualquier trabajo que se proponga, por muy modesto o menor que sea dentro una intensa y completa filmografía, y de lo bueno que ha sido para el cine contar con este duro y curtido veterano, que detrás de su máscara de tipo rudo y sin sentimientos esconde un ser sensible, que capta mejor que nadie la realidad, que sabe perfectamente de lo que habla cuando reflexiona sobre las emociones, los sentimientos y las relaciones humanas, y que sabe llevar como pocos a la pantalla fragmentos de esa cosa que llamamos vida.

Quede aquí este humilde post como homenaje en vida a un grandísimo cineasta: Mr. Clinton Eastwood Jr.

Cojo el fusil y...
Gran Torino - 6 sobre 10

23 de febrero de 2009

And the winner is... Slumdog Millionaire!

Se cumplieron practicamente todos los pronósticos. Apenas hubo sorpresas. La 81ª edición de los oscars se saldó con la contudente victoria de Slumdog Millionaire (Danny Boyle), que arrasó con casi todo y se llevó nada menos que ocho estatuillas.

Ni que decir tiene que no me parece justo. Si bien el nivel exhibido por las cinco películas nominadas estaba bastante parejo, ninguna de ellas me parecía que realmente tuviera la calidad suficiente como para llevarse el oscar a mejor película. Si que es cierto que Slumdog Millionaire destacaba un poco sobre las demás, pero creo que la academia ha sido demasiado benévola otorgándole algún galardón que no merece. Por ejemplo, el galardón de mejor fotografía debería haber sido para El curioso caso de Benjamin Button, y los premios a mejor banda sonora y mejor sonido también son discutibles. Tampoco me parece que Danny Boyle mereciera el oscar a mejor director por esta película, pero si hasta Ron Howard ha ganado alguna vez la estatuilla pues... todo es posible.

Por lo demás, casi todo siguió el guión preestablecido. Wall·E ganó el premio a mejor película de animación (insisto en que debería haber estado nom
inada a mejor película, en general), Kate Winslet ganó por fin el oscar a mejor actriz, Heath Ledger logró el segundo oscar póstumo de la historia (tras el que lograra Peter Finch en 1977) y Penélope Cruz, nuestra Pé, se llevó el ansiado premio como mejor actriz secundaria, convirtiéndose así en la primera actriz española que lo logra. España está de moda señores. Hollywood nos quiere y se nota. Segundo año consecutivo que un actor español gana el oscar tras el de Javier Bardem, aunque en este caso me parece que quizás no nos lo mereciéramos tanto. En cuanto a las sorpresas, destacar principalmente tres: la derrota de Mickey Rourke a manos de Sean Penn (auténtico sorpresón bajo mi punto de vista), la victoria de Dustin Lance Black en la categoría de mejor guión original por Mi nombre es Harvey Milk y el inesperado oscar que se llevó Departures, una grata sorpresa, que dejó en la estacada a las dos principales favoritas a mejor película de habla no inglesa, Vals con Bashir y Entre les murs.

Dejamos atrás por fin el curso cinéfilo 2008. Un año malo, donde las principales premiadas han demostrado tener un preocupante nivel medio excesivamente bajo. Esperemos que el 2009 nos regale películas de mejor nivel. Seguiré informando a aquellos desventurados que me lean. Pasenlo bien y vean mucho cine (a ser posible del bueno).



19 de febrero de 2009

Consideraciones sobre los Oscars (2ª Parte)

Hoy voy a hablaros de algunas otras películas nominadas este año. Quisiera comenzar con The Wrestler (Darren Aronofsky). Es una película que cautiva, y la razón para que esto ocurra tiene un nombre: Mickey Rourke. Su interpretación es tan buena, que faltan calificativos para describirla. Rourke no interpreta al personaje. Es el personaje. Bien sabidas son ya las similitudes que se han lanzado entre él y su personaje, sobre cuanto hay de la caída a los infiernos del actor en la película, cuan parecidos son él mismo y Randy "The ram", la ex-estrella de lucha libre que malvive entre su empleo en un supermercado y peleas esporádicas en el circuito independiente. El que fuera estrella en los 80 y se apagara en los 90 (al igual que Randy, "odio los malditos 90") elabora una especie de penitencia, de catarsis por todos sus excesos, y nos regala una actuación que muy merecidamente recibirá el premio del oscar al mejor actor (cualquier otro ganador sería un aunténtico sorpresón). Pero la película tiene otras virtudes. Por un lado, la austeridad con la que Aronofsky nos muestra la vida de este luchador. Utilizando mucho el recurso de llevar la cámara por detrás del protagonista, siguiendo sus pasos sin ver su rostro, Aronofsky pretende hablarnos, no de un luchador en concreto, en este caso "The Ram", sino de todos los luchadores. Randy es el ejemplo, pero aquí de lo que se trata es de hacer un homenaje. Un homenaje a todos aquellos que dieron los mejores años de su vida para entretenernos a nosotros como público, y que en muchos casos han caído en el olvido, un olvido injusto, junto a sus bastones, sus sillas de ruedas y su decadencia física y emocional. Y es cuando la cámara de Aronofsky se mete en los vestuarios, en el ring, en las entrañas de este espectáculo, cuando la cinta alcanza sus mejores cotas. El ambiente decadente del circuito independiente, el compañerismo y la amistad que surge entre estos desheredados, se reflejan con gran verismo y sensibilidad, con gran amor por parte de quien nos cuenta la historia. Sin embargo, la película se viene un poco abajo cuando nos alejamos de ese mundo. La relación de Randy con su hija suena a tópico mal incrustado en el conjunto, y su relación con la stripper que interpreta también de maravilla la gran Marisa Tomei tampoco termina de cuajar en el conjunto, aunque su personaje, pese a no aparecer demasiado tiempo, está bien perfilado, podemos llegar a sentir y comprender su sufrimiento. Película sin duda recomendable, que se aleja un poco del estilo habitual de Aronofsky en la dirección, pero que vuelve a tratar el mismo tema de sus anteriores películas: el dolor interno de sus personajes y la enorme carga que supone saber que no hay final bueno posible. Y a fe que este tipo es bueno rodando eso.

Ahora voy a hablaros de la que me parece una de las mayores decepciones del año. Se trata de Revolutionary Road (Sam Mendes), la última película del que fuera director de la magnífica American beauty (1999). Nominada en tres categorías (Actor de reparto, dirección artística y vestuario) la cinta narra las desventuras de un matrimonio de clase media en la década de los 50. Un matrimonio que oculta más de lo que parece a simple vista, con rencores, sueños frustrados y sentimientos de culpa. Pues bien, todo esto el señor Mendes lo ha mezclado de tal forma, que el resultado sólo puede ser calificado de coñazo. Ni tiene ritmo, no tiene fuerza, no hay capacidad de análisis. Los diálogos se van sucediendo uno tras otro, sus personajes no paran de hablar, pero lo único que consiguen es ir aumentando mi sensación de que estoy perdiendo el tiempo. Desconozco la obra matriz en la que se basa la película, la novela de Richard Yates, pero apostaría a que es infinitamente mejor que su adaptación a la pantalla. No veo nada en la película que me guste, que me motive, que me haga pensar. El drama de sus personajes me resulta ajeno, monótono, y si, capto que es fiel y veraz a la hora de describir las monotonas vidas de un matrimonio que ya no se quiere y necesita dar un salto hacia delante. Pero como diría el gran Sir Alfred Hitchcock, para ver un trozo de vida ya está la propia vida. En el cine tiene que haber algo más. Y en este caso, me temo que el señor Mendes y todo su equipo no logran aportarlo.

Toca ahora la gran olvidada, al menos en las categorías principales, de este año. Se trata de El caballero oscuro (Christopher Nolan), la última de Batman, que pese a acaparar innumerables nominaciones (ocho en total) en apartados técnicos, no está nominada ni a mejor película ni a mejor director, cosa que creo injusta. Es de las mejores películas del año. Pese a su comercialidad (es obvia, pero no por ello debe ser algo malo), Nolan se desenvuelve a las mil maravillas con el material que maneja, y lo eleva a algo más que cine palomitero. Esta nueva visión del hombre muerciélago, como ya ocurriera con Batman Begins (2005) es una profunda revisión a las miserias del ser humano, analizadas a través de sus personajes, todo ello envuelto en el fantástico aura de misterio y terror que han logrado caracterizando a la nueva Gotham. No deja de una historia de buenos contra malos, pero tanto los buenos como los malos están llenos de matices que son los que hacen rica a la historia. Y todo ello acompañado de espectaculares secuencias de acción que no está superpuestas sino que hacen avanzar la trama. Por desgracia, la película tiene el lastre de su duración, a todas luces excesivo, y de pecar de grandilocuente en algunas de sus escenas, pero en general el conjunto es bueno, y ya quisieran el 80% del cine comercial estadounidense acercarse siquiera un poquito al nivel de esta película. Y entre toda la oscuridad y misterio que rodean esta nueva aventura del señor Wayne, emerge Heath Ledger, cuya figura, aún más agrandada desde su muerte, convierte al Joker en uno de los personajes más terroríficos que jamás se hayan visto en un cine, por la complejidad de su mente, pero sobre todo por la sencillez de sus actos y su discurso. Y pese a que creo que está un poco sobreactuado, creo que es merecedor de ese oscar póstumo que a todas luces recibirá el próximo domingo.

La última que os voy a comentar hoy es Vals con Bashir (Ari Folman), candidata a mejor película de habla no inglesa, y principal favorita. Me gustó este primer documental animado de la historia. Sorprende por la calidad de la animación, por lo complejo de la historia y por su estructura narrativa que sabe sacar todo el partido del uso de dibujos para narrar los horrores de la guerra. Hay mucho de metáfora en la película, pero también mucho dolor, el dolor que causa saberse responsable de algo pero no querer, o no poder, ad
mitirlo. El viaje que nos brinda Folman hasta el año 1982, y la matanza de refugiados palestinos que se produjo, es a la vez escalofriante y estimulante, pues sabe recrear un hecho pasado con la fuerza y claridad de si hubiera ocurrido ayer. Es un film valiente, pues explora la propia culpa de su creador, el cual se enfrenta a ella sin pudor ni reticencias. Este tipo de atrocidades no pueden volver a repetirse. Contra nadie. No hay excusas, solo importa la verdad. Ese es su principal mensaje. Y es un mensaje de lo más acertado. Habrá que estar atentos a los próximos trabajos de su director. Apunta muy buenas maneras.

Cojo el fusil y...
The wrestler - 6 sobre 10
Revolutionary road - 3 sobre 10
El caballero oscuro - 6 sobre 10
Vals con Bashir - 6 sobre 10

18 de febrero de 2009

Consideraciones sobre los Oscars (1ª Parte)

Va quedando menos para la ceremonia de entrega de los oscars y me gustaría hablar sobre las películas nominadas en la categoría de mejor película. He de decir que he visto por el momento sólo cuatro de las cinco que optan al premio (me queda por ver aún Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant), pero voy a comentaros las otras cuatro; ya habrá tiempo de ver que nos ofrece el bueno de Gus (esperemos que no sea otro bodrio infumable al estilo de Gerry o Last days).

De la primera que os quiero hablar es de El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher). Me defraudó. Pese a la indudable maestría técnica con que Fincher nos deleita a la hora de contarnos la historia de este peculiar personaje, es una película que desarrolla mal su historia, no profundiza en ella. Es una cinta demasiado lineal, y teniendo en cuenta el tema que trata (un bebé que nace viejo y que acaba siendo viejo en el cuerpo de un bebé, pues su genética le hace ir al revés de los demás) se echa en falta una reflexión sobre la vida y la muerte, o incluso el amor, cosas tan trascendentales como fugaces y transitorias, tan eternas como imperfectas. Sin embargo, el guión de Eric Roth se mueve por terrenos más convencionales, y al final todo acaba centrándose en una historia de amor que, pese a ser emotiva, no lanza a la película a las cotas que debiera, y la aleja de cualquier posibilidad de considerarla un clásico. Las dos líneas que representan los personajes de Cate Blanchett y Brad Pitt, yendo en direcciones opuestas pero que durante un tiempo se entrecruzan, no son retratadas ni con el dramatismo ni con la emotividad que necesitan, y es que estamos ante un relato de lo más trágico, tratado de la manera idónea sólo en el envoltorio. Parece como si al equipo de la película le hubiese preocupado tanto el cómo solucionar los problemas técnicos para hacer de Brad Pitt un anciano de seis años que se hubieran olvidado del trasfondo emocional de la historia. En definitiva, un film magistral en el plano visual, con una cuidada ambientación y una magnífica banda sonora, pero que se desinfla por ser plana y lineal a la hora del desarrollo de personajes y acontecimientos.

Hablemos ahora de Slumdog Millionaire (Danny Boyle). La gran triunfadora de los Globos de Oro, con 4 galardones, incluyendo mejor película y mejor director, a pesar de ser la gran favorita este año (y muy probablemente, al menos así lo veo yo, la que va a ganar) no es una película que merezca el premio a mejor film. Es una cinta desequilibrada, de estilo videoclipero excesivamente comercial, con una dirección que abusa de recursos como planos inclinados que en la mayoría de los casos no aportan nada y que, pese a que arranca bastante bien, acaba derivando en una vulgar historia de amor con happy end cuya repercusión se agota a los minutos de salir del cine. Pretende ser cine social, pero aquí la crítica social es la excusa para meternos con calzador la historia de superación de Jamal Malik, un joven que está a punto de ganar el ¿Quién quiere ser millonario? de la India sin tener estudios y viniendo de la calle, que a su vez es la excusa para la romanticona y facilona historia de amor que surge entre el protagonista y la chica de turno, sufridora también de los dramas de la pobreza. Pero Slumdog también tiene sus virtudes. Su montaje febril pero acertado nos lleva a través de flash backs por la vida de Jamal, y es en su potencia narrativa y su agil montaje, acompañado de una banda sonora realmente buena y acertada, donde reside su mayor virtud. Una lástima que en su pretenciosidad Danny Boyle no haya sabido medir bien el equilibrio entre comercialidad y calidad, y su intento de hacer crítica social se quede en un mero esbozo. Pese a ello, la película me gustó, cosa que no puedo decir de muchas de las que he visto ultimamente. Y es sin duda la menos académica de las nominadas cinco nominadas.

Os hablo ahora de la que menos me ha gustado de las cuatro que visto en esta categoría por el momento. Se trata de El desafío: Frost contra Nixon (Ron Howard). Podría haber sido una gran película, de hecho tenía todos los mimbres necesarios para ello. Pero la ineptitud de Howard, un director demasiado complaciente consigo mismo y que parece incapaz de dotar de profundidad a sus proyectos, hace que esta especie de falso documental basado en la obra teatral de Peter Morgan (quien fuera guionista de The Queen (Stephen Frears, 2006)), se convierta en un film vulgar, sin alma, que se ve tremendamente distante; y lo es por la opción que Howard elige a la hora de contarnos la historia. Mezclar ficción pura y dura con elementos propios del documental (los actores hablando a cámara en boca de los personajes que interpretan es un recurso que no me ha gustado) resta carga dramática al conjunto. Además, la película no tiene ni el nervio ni la fuerza visual necesaria para que podamos como espectador meternos de lleno en ella. El personaje de Nixon, al cual borda un genial Frank Langella (ojo no salte la sopresa) está bien retratado, pero hay una cierta ambigüedad en el tratamiento que se le hace que provoca al final un extraño desequilibrio. En resumen, una película vulgar, que no mala, que no merece estar ni siquiera nominada, y menos aún su director, el señor Ron Howard, que no entiendo como puede gozar de este trato de favor por parte de la academia.

Por último os voy a hablar de El lector (Stephen Daldry). Quizás, la que más me ha gustado de las cuatro. Es una película tremendamente tierna y conmovedora. Al igual que en sus anteriores trabajos, Daldry saber dotar de sentimiento y emoción sus imágenes. Sabe transmitir lo que sienten los personajes al espectador. Sin embargo, El lector es una película irregular. Alcanza momentos de gran belleza y fuerte carga emocional, con otros de una extraña y desagradable frialdad. Se siente distante en demasiados puntos de su recorrido, y eso acaba lastrando el resultado final. Esto ocurre en especial cuando es David Kross, el joven que encarna al personaje de Michael Berg en su pubertad, el que que tiene que coger las riendas de la cinta. Y es que la presencia de Kate Winslet es tan imponente, y su interpretación tan veraz y contudente, que cuando desaparece de pantalla parece que la película ha perdido a su ángel, a su motor, a su guía. Si no le dan el Oscar a la mejor actriz este año no se lo darán nunca, y me parecería una profunda injusticia (y que me perdona la Jolie). Lo merece, no ya por esta interpretación, sino por ser la mejor actriz de su generación y la eterna olvidada a un premio que merece hace tiempo. Volviendo a El lector, señalar que los mejores momentos se producen en el tramo final, cuando todas las incógnitas, emociones y sentimientos salen a la superficie, e inundan la pantalla con algunos instantes de sublime factura. Por eso me resulta aún más frustrante que en su primera mitad tenga tantos altibajos, y en el global se quede también a las puertas de ser una gran película. Pese a todo, si fuera académico mi voto iría para ella.

Total, que como pueden apreciar, bajo mi punto de vista el nivel de este año en los oscars, sin ser del todo malo, deja bastante que desear. Gane quien gane, no será una película extraordinaria, pero viendo el pobre nivel que ha dado el cine en 2008 si que podemos decir que estamos ante lo mejor, al menos en lo que a cine estadounidense se refiere. De todos modos, queda el consuelo de que la que es sin duda la mejor película del año se llevará con toda seguridad alguna estatuilla. Y es que la mejor de 2008 ha sido WALL·E (Andrew Stanton), obra maestra del cine de animación, y que si no tuviera su propia categoría aparte estoy seguro de que ganaría igualmente el oscar a mejor película.

Proximamente, más entregas sobre los Oscars. Que descansen.

Cojo el fusil y...
El curioso caso de Benjamin Button - 6 sobre 10
Slumdog Millionaire - 6 sobre 10
El desafío: Frost contra Nixon - 4 sobre 10
El lector (The reader) - 6 sobre 10