La premisa, en los tiempos que corren, ya es en si misma estúpida, y está más que trillada. Que la perdida familia bien sea atacada por unos deformados por la radiación, unos zombies o unos locos ya da lo mismo (¿Alguien recuerda, por citar un par de ejemplos recientes, Wolf Creek (Greg Mclean, 2005) o La casa de los 1000 cadáveres (Rob Zombie, 2003)?). Pero el verdadero problema aquí reside en el hecho de que Aja no aporta nada nuevo, ni siquiera realiza un ejercicio de estilo que pueda identificarle. La película es monótona, previsible y pretenciosa. Donde el director pretende cargar de fuerza visual a la imagen lo único que logra es aburrir y repugnar al respetable. Sus personajes, incomprensiblemente faltos de carisma, o de cualquier tipo de rasgo o cualidad que pueda hacerlos enganchar emocionalmente con el espectador, se pasean por la película de manera errática, patética en algunos momentos, y su contrapunto (esos seres deformes deseosos de ¿Venganza?) son aún más deplorables y nefastos si cabe. La película se termina poco después de empezar, pues su guión y su realización son tan planos que es fácil adivinar todo cuanto va a acontecer a los cinco minutos de metraje.
Por si esto fuera poco, cuando la película se convierte en otra vulgar cinta de acción donde las peleas se imponen para olvidarnos ya por completo de la remota historia que se supuestamente se nos quiere contar, el director muestra su faceta más sádica al recrearse en la violencia barata y los litros de sangre inundan la pantalla en un intento fallido y asqueroso de crear tensión y lograr el climax. Tampoco ayuda mucho que su personaje masculino se convierta en una especie de John Wayne, duro como pocos (tan sólo superado por los malos, que parecen hechos de hierro, cosa extraña pues tengo entendido que las personas afectadas por la radiación se vuelven sensiblemente débiles), que va en busca de su destino acompañado de un bate de béisbol rozando en más de un momento la autoparodia. Y es que lo que más he hecho mientras veía la película ha sido reir. He llegado a pensar que Alexandre Aja en realidad lo que estaba intentado rodar no era un remake de terror, sino una comedia, una especie de parodia del género. Sólo así mi mente sería capaz de explicar las pésimas interpretaciones, la dirección pretenciosa y grandilocuente, o muchas de las innumerables situaciones cómicas que se dan durante el film (el climax final, con un Aaron Stanford empapado en sangre y dando culatazos con la escopeta es digno de recordarse). Hasta la supuesta crítica a los lanzamientos de bombas atómicas en el desierto de Nevada (y todo el drama social que supuso) por parte del gobierno americano queda profundamente diluida, no es más que otra excusa para intentar justificar ese baño de sangre, y el discursito que se marca uno de los afectados para justificar toda la trama es, cuanto menos, vergonzoso.
En fin, que me alegré bastante cuando se acabó la película y aparecieron los créditos finales sobre un fondo, en vez del habitual negro, y como no podía ser de otra forma, rojo, rojo sangre.
Cojo el fusil y...
Las colinas tienen ojos - 1 sobre 10
Las colinas tienen ojos - 1 sobre 10
Pues nada, esta tampoco la he visto ^^ Pero el otro día vi en la televisión cinco minutos de la secuela, que no me acuerdo del título, y tenía toda la pinta de ser una de tantas de estas películas (lo mismo la veo entera y me parece Ciudadano Kane xD) que, salvo raras excepciones, no me dicen nada.
ResponderEliminar1abraxo!